
Hoy en día, una de las maneras más efectivas de auto castigarse (aparte de escuchar discos de Shakira o de
Mariah Carey, entre otros muchos despropósitos) consiste en encender la televisión y verla más de 15 minutos. Y esa es la supina estupidez que cometí el sábado por la noche, que me quedé en casa. ¿Qué opciones había? Por un lado,
“Big Fish”, de Tim Burton, en Antena 3. Decidí no verla porque prefiero las películas en versión original, por aquello de mantener vivos los conocimientos del idioma inglés. En
La 2 por suerte no estaba
Cayetana como viene siendo desafortunada costumbre, pero estaban echando el filme español
“El tiempo de la felicidad”. Ya lo había visto hace tiempo:
Verónica Forqué, Antonio Resines, María Adanez, Fele Martínez y Silvia Abascal interpretándose a sí mismos;
Pepón Nieto, súper interpretándose a sí mismo (si habéis visto la película comprenderéis por qué) y
Carlos Fuentes y Liberto Rabal no interpretando nada. En
Telecinco, “La Noria”… una tal
Patita, Putita o Pitita Ridruejo hablando de sus aventuras con los milagrosos bailes del sol, que comenzaron en Fátima hace tiempo y el presentador,
Jordi González (qué grima da este tío…), preguntándole a la señora qué tal en general con la Virgen, que se le aparece a la religiosa invitada de vez en cuando, sus levitaciones y demás informaciones de interés nacional (parece ser que la tal Pitita se va por ahí con la madre de
Bertín Osborne a ver si la Virgen se aparece por alguna campiña, deben de tener un
dealer bastante práctico). En
Cuatro ponían un filme con
Chayanne como protagonista que deseché en centésimas de segundo. Y
laSexta… no sé, sigo sin distinguir este canal de esos otros cutres en los que algunas suramericanas echan las cartas a los frikis que llaman.
Mientras terminaba de cenar, decidí quedarme en
Televisión Española. Era la hora de comienzo de un programa llamado
“Yo estuve allí”, producido por
Globomedia. Aparece la presentadora,
Carolina Ferre, convertida en una variedad de replicante que parece haberse quedado fuera de un
casting para una ficticia segunda parte de
Blade Runner (vestuario y peinado caso aparte). El programa es muy
original, y para que el espectador no se rompa mucho la cabeza con la temática, el título lo dice todo: hablan de temas acaecidos hace tiempo y llevan a un invitado, famoso, pseudo conocido o anónimo, para que cuente su experiencia. Y esto se supone que lo paga
er contribuyente españó.
Tema 1: la ley de divorcio aprobada en los albores de la democracia española. La invitada es Carmen Martínez Bordiú, una de las primeras que hizo buen uso de esta legislación. Menuda es la tía. Tras su paso por el terrible, repulsivo y patético concurso “Mira quien baila”, la nieta de Franco es recibida con los aplausos de un público totalmente entregado. Para llegar al sillón de invitados, el plató tiene una pequeña pasarela, precedida por una puerta que se abre tipo “lluvia de estrellas” (un concurso casposo que emitía Antena 3). Carolina Ferre le dice a la Bordiú: “Estás estupenda, pero si parece que estás en la Pasarela Cibeles”. Carmencita ríe, con esa cara que tiene de eterna resaca dominical. Insisto, esto lo paga er contribuyente españó.
Mientras la post replicante entrevista a la Bordiú, se van superponiendo mini reportajes sobre la invitada, sus aventuras y su -hay que tenerlo en cuenta para bien- me paso por el felpudo lo que diga mi familia y la vecina del quinto. Evidentemente, sale a colación su abuelito, al que, cariñosamente y a través de una ridícula voz en off, llaman Caudillo de España (¿para qué hacen una ley de memoria histórica en este país?). En un momento de la charla, Ferre le pregunta a Carmencita que cómo recuerda a su hijo Fran, fallecido de pequeño en un accidente de tráfico. La nietísima de ese pequeño gran mamón con voz de pito se queda pensativa, y responde: “Pues… le recuerdo… como un niño… era un niño… alegre”. Silencio. Ferre, con cara de arco de medio punto, pasa a la siguiente pregunta. ¿Cómo narices va a recordar esta julai nada si lleva de fiesta los últimos 50 años y abandonó a sus hijos cuando eran pequeños?. Indescriptible momento televisivo. Sublime, como diríamos en Gesloten. Estos totales valdrán para un “Yo estuve allí” que se estrenará en 2050.
La entrevista va avanzando y de repente aparece Cansado (el de Faemino y Cansado), y a mí se me ocurre que parece el hermano mayor de Michael Stipe, pero son cosas mías (mi mente me enviaba señales para que cortase ya el rollo). “Si Franco levantara la cabeza, ¿qué pensaría?”, pregunta. La Bordiú contesta: “Pensaría que cómo han avanzado sus nietas”. Todos ríen felices y el público se rompe las manos aplaudiendo. “¿Y como te llama tu nieta, Carmen? ¿Abuela, abuelita?”, pregunta Ferre. “Me llama ‘ita’, jajajaja”, responde la insigne invitada mirando hacia ninguna parte. Más risas y alegría en TVE, las mismas que aparecen ante la gran deuda económica que arrastra la cadena pública desde hace siglos (jajajaja).
Siguientes invitados: Los Pecos, un dúo que rompió moldes, así como los oídos de muchas personas (sobre todo por el rubio con voz de jilguero). Aparecen cantando uno de sus temas más famosos en el escenario. Lo más increíble es que en una pantalla situada detrás, ponen imágenes de ellos hace 500 años, interpretando el mismo tema… Hacía tiempo que no veía por televisión una maldad de semejantes características. Bien, Globomedia… (No os imagináis la pasta que habrá pagado TVE a la productora por este bodrio…).
Tema 2: El destape. Invitadas de excepción: Susana Estrada y Barbara Rey. Cuando la primera reivindica que ella ha luchado mucho por las mujeres de este país, y la segunda comenta que cuando se aburre se opera algo, noto como empieza a revolverse mi estómago. Antes de decidir si vomitar o colgarme de la lámpara, apago la televisión. No sabéis el tiempo que se gana cuando dejas de verla. Me quedo a oscuras, respirando hondo y preguntándome por qué narices no habré empleado el sábado noche en leer, escribir… incluso emborracharme.
Por favor, no le digáis a nadie que… yo estuve allí…