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viernes, 15 de mayo de 2009

IMPRESCINDIBLE DAMAGES 2.0

Buena parte de la redacción de Gesloten se ha entregado durante los últimos meses con fervor juvenil ante “Damages”, tal vez la octava maravilla de las series de televisión norteamericanas. Mientras dejamos para las clases bajas y los parias sociales “Acusados”, nosotros analizamos algunos elementos interesantes de su segunda temporada, disponible para su descarga en múltiples sitios de la red. “Damages” sigue siendo hipnótica, fascinante y se contempla con voracidad, admiración y en muy pocos días. Sin embargo hay algunos contratiempos que le restan algún punto con respecto a la primera temporada. Y también alguna aportación y novedad digna de mención.

-En esta segunda temporada nos encontramos con demasiados personajes. Esto trae consigo a su vez varios inconvenientes. El principal es que la trama se vuelve un tanto liosa y difícil de seguir. Si la primera temporada era de una sencillez admirable, la lucha sobre un cuadrilátero de dos personajes, siendo el resto de acontecimientos daños colaterales consecuencia de esa batalla, aquí la línea argumental tiene muchas bifurcaciones. Esto complica el seguimiento de la acción, dejándonos en ocasiones la sensación de estar perdidos en una maraña argumental y de nombres de personajes de una complejidad que en realidad no es tal.
Otra consecuencia negativa es la participación en esta temporada de Ted Danson. Los guionistas no saben que hacer con su maravilloso personaje. Aparece y desaparece de la acción sin ton ni son, parece que tendrá protagonismo, y un capítulo después no sabemos nada de él. Su aparición en esta segunda temporada, ejerciendo como mero comparsa, resulta innecesaria ya que supone ningunear a uno de los personajes más intensos y complejos de la historia reciente de la televisión.

-Glenn Close es una Diosa de la interpretación, y ha nacido para dar vida a Patty Hewes. Y Patty Hewes ha sido creada de la nada del papel en blanco con el único objeto de tomar vida bajo los rasgos de Close. La recordaremos siempre por este papel. Luego nos acordaremos de “Las amistades peligrosas” o de “Atracción fatal”, pero su maquiavélica abogada de “Damages” marca una antes y después en su carrera, una línea marcada en la arena para separar lo notable, de lo inolvidable. Ambas, Close y Hewes se retroalimentan para deleite de los espectadores, que presenciamos un espectáculo escénico único.

-Nos sigue sobrando Rose Byrne y su marisabidilla Ellen. Mientras presenciamos esta segunda temporada, los deseos del espectador de que Close la despedace de una santa vez se convierten en insoportables por momentos. No sé a ciencia cierta si es un problema de actriz o de personaje. Supongo que una combinación letal de ambos. Ellen Parsons tiene un carácter insufrible, de sabelotodo inaguantable, y la sosa gestualidad de Byrne, junto a su frialdad distante no ayudan a defenderlo. El suyo es un personaje que en condiciones normales ya habría hundido una serie, pero estamos ante “Damages”, no ante cualquier serie.

-William Hurt y Marcia Gay Harden siempre son bienvenidos. Los dos grandes fichajes estrella llegados directamente de Hollywood para la nueva temporada no decepcionan: Hurt dota de una enorme cantidad de matices y de una gran profundidad emocional a su personaje. Sus miradas de hombre derrotado, buscando una redención que es consciente nunca conseguirá son difíciles de olvidar. Gay Harden vuelve a ser sibilina, compleja y sus movimientos desprenden suavidad, una elegancia felina. Su método interpretativo, que consiste en parecer un poco ausente, como si estuviese flotando por encima de la realidad que intenta representar, sobre sus escenas, resulta fascinante

-“Damages” es, naturalmente, una ficción deliciosamente efectista. Sin embargo en esta segunda temporada nos da la impresión de que los guionistas cruzan demasiadas líneas y exigen al espectador que suspendan la realidad demasiado a menudo. Algunos golpes de guión son en exceso efectistas y lo que es peor, poco coherentes y parecen diseñados con el único fin de provocar la sorpresa en un el espectador o proporcionar mayor gloria dramática a Glenn Close. Ahí esta esa escena en el juzgado, cuando una Patty rabiosa y humillada hasta el límite de lo soportable abandona el escenario. Es asombroso ver a Close evolucionar ante la secuencia de acontecimientos dramáticos que la forman, y desde luego es un deleite, pero por otro lado no es creíble dentro de la acción, me refiero a todos esos acontecimientos que la llevan a ese punto.

-Por la misma regla de tres el desenlace resulta más que sorprendente, enrevesado hasta el paroxismo, en un intento desesperado de tomar por sorpresa a un espectador descreído, ya aleccionado por la primera temporada en lo referente a giros tramposos. Aquí no hay un giro final, es que todo el final es un torbellino que se revuelve con violencia contra sí mismo una y otra vez, dejándonos en un estado entre el shock, la confusión, y la media sonrisa irónica ante la exageración de la propuesta, una gran broma de escritores que esperan contar con la complicidad del espectador. Vamos, que sería inútil tratar de reconstruir mentalmente el puzzle que es el desenlace en si mismo, y debemos entenderlo dentro del todo vale, que por otro lado es la imprescindible premisa que vértebra ese dramáticamente hablando complejo mamotreto arquitectónico llamado “Damages”.

En resumen. “Damages” no es “El Padrino” ni “Batman”. Su continuación no mejora el original, pero sigue siendo un espectáculo televisivo único, y la recomendamos sin reserva alguna.

miércoles, 7 de mayo de 2008

APASIONANTE “DAMAGES”

En unos años donde encontrarte una gran película en el cine se ha convertido en una experiencia ardua, como encontrar agua en el desierto, la televisión se ha convertido para muchos en un sustituto de este. Estoy hablando de las series norteamericanas, naturalmente, y no de las lamentables, cutres y costumbristas tele series españolas (sí, exactamente igual de horrendas que el 90% que las películas filmadas aquí, duela a quien duela). Los últimos años parece que el talento haya emigrado de la gran a la pequeña pantalla. Algunos de los mejores actores del mundo trabajan sin tener que avergonzarse por ello en este medio antes denostado. Y los mejores creadores de ficción ya no miran a un Hollywood más pendiente de los efectos por ordenador, por epatar a adolescentes crédulos y poco exigentes, que pendientes de contar una buena historia que enganche. Lo que antes suponía un paso atrás en una carrera, ahora es un valor añadido para un profesional. Y cada espectador tiene su serie. Y yo finalmente he encontrado la mía. Se trata de “Damages”.

“Damages” es un complejo, delicioso y fascinante artefacto que mezcla varios géneros: el de abogados despiadados y sin escrúpulos (lo que viene a ser un abogado de toda la vida, al fin y al cabo), dispuestos a todo para conseguir sus objetivos, el suspense mas trepidante de los grandes thriller americanos de siempre, con violencia nada disimulada(física y moral), donde ningún personaje es lo que parece y todos tienen algún cadáver que esconder en un armario, las grandes conspiraciones ligadas a poderosos magnates más cercanos a la mafia pura y dura que a honorables y respetables creadores de riqueza y un inteligente giro de tuerca a la lucha entre el bien y el mal, donde el bien puede resultar insoportablemente cruel, y el mal tremendamente piadoso y susceptible de perdón. Con un maravilloso ritmo narrativo, una puesta en escena apabullante, un guión brutal y veloz (no he encontrado tras seis capítulos ni treinta segundos de relleno), una estética oscura (casi tenebrosa o de película de terror) y luminosa a la vez y una construcción de la historia y de la forma de contarla apasionante que nos avanza en cada uno de los capítulos parte del desenlace final sin que resulte chocante, si no natural gracias al tempo narrativo que sus guionistas han escogido, que no es otro que contar la historia ya ocurrida los meses previos desde el presente, es decir desde el desenlace, por lo que se nos descubren flash backs futuros en los momentos más inesperados, provocando una dulce sensación de desconcierto y perplejidad en el espectador.

Si a todo ello unimos interpretaciones memorables de Glenn Close, magnética, imposible apartar tu mirada de su rostro lleno de hambre y ambición, un Ted Danson sencillamente sorprendente, complejo y avejentado como villano, y un estupendo Zeljko Ivanek como abogado del diablo, nos encontramos con la serie pluscuamperfecta, que devoras en pocos días, pero no demasiado rápido, porque no querrás que acabe tan pronto. Tan solo lamentar la elección de la sosa Rose Byrne como joven abogada a las ordenes de Close.

“Damages” como las grandes obras de ficción se degusta con un nudo en el estomago, y una sensación continua de placer y asombro ante la conjunción de talentos que la hacen posible.