Hacia rutas salvajes parte con una clara ventaja con respecto a otras películas; tiene una gran historia que contar.Este quinto film como director del consagrado actor Sean Penn cuenta sin duda con más aciertos que errores, que puestos en la balanza hacen que Hacia rutas salvajes pueda ser considerada una película que merece la pena.
Basada en la historia real de Christopher McCanless, Into the wild cuenta la historia de un chico de veintidós años que, hastiado de la hipocresía de la sociedad y en busca infatigable de cierta verdad y sabiduría emprende un largo viaje que culmina en Alaska.
Sean Penn trata de contar una fascinante y conmovedora historia, lamentablemente no logra plenamente su objetivo. En su empeño por comunicar las razones por las que el protagonista emprende ese viaje, lo convierte en un adoctrinador con reminiscencias de Siddartha y acaba resultando, en ocasiones, un personaje caprichoso e inmaduro. Una auténtica pena ya que la historia podría haber ido mucho más allá si hubiera construido un personaje más real. Desde mi punto de vista Penn comete numeros errores, el más garrafal de todos es el introducir un grupo de hippies en el camino del protagonista, este hecho hace que, por aproximación, las loables y razonables intenciones del protagonista de huir de la sociedad enferma en la que, efectivamente vivimos, parezcan una cabezonería de niño pijo. El excesivo metraje del film (dos horas y veinte minutos) tampoco ayuda a respetar al personaje, además baja estrepitosamente el ritmo y la intensidad. Afortunadamente Penn sabe resolver la película con un conmovedor (y real) final. Entre sus aciertos cabe destacar la elección del narrador; la hermana del protagonista, ya que muestra paralelamente las consecuencias del inconformismo de Christopher, tanto para él como para su familia, pero sin duda el gran acierto es la elección Eddie Vedder como compositor e intérprete de la banda sonora y su función de reforzador de la narración. Llega a ser brillante la escena en la que suena el tema No ceiling en la que Vedder consigue, en un minuto y medio, que comprendamos al protagonista mejor que Penn en las dos hora y media de película. En cuanto a la realización se puede considerar correcta aunque obvia (las localizaciones y la narración daban para mucho más) y la interpretación de William Hurt resulta totalmente inverosímil y cargada de recursos actorales manidos, un auténtico error.
Podéis ver el clip del tema central del film, Guarateed, aquí.
Lo mejor: el uso de la música de Eddie Vedder para reforzar la narración.
Lo peor: el moralismo.










Este álbum supuso uno de los mayores trallazos en la historia de la música, tanto a nivel comercial como de crítica. Y es que “Jagged little pill” es uno de los discos más vendidos del mundo (el más vendido por parte de una artista femenina), y la verdad que no es para menos. Temas como “You oughta know”, “Hand in my pocket”, “You learn”, “Head over feet” o “Ironic”, situaron a la canadiense en el podio de las listas durante mucho tiempo. Pero el resto de las canciones son igual de prominentes a todos los niveles. Destacan buenas letras como la de “Perfect”, en donde se habla de la exigencia y chantaje psicológico de algunos padres hacia sus hijos. La producción, a cargo de Glenn Ballard, es muy correcta. Alanis tuvo tal explosión creativa con su debut internacional que no es de extrañar que jamás haya superado, ni de lejos, la calidad de “Jagged little pill”. Una anécdota: Shakira tuvo el valor de decir que Alanis copiaba su imagen (seguro que recordáis que hubo un tiempo en el que parecían hermanas mellizas). ¿Será ese el motivo por el cual el esperpento colombiano número uno se tiñó el pelo y multiplicó sus niveles de estupidez? 







