

Joe Wright. Expiación (2008) ¿me darán un Óscar si hago esto?
Esa parece ser la motivación de Joe Wright para incluir el plano secuencia más largo e innecesario de los últimos años. En esta cinta Wright recorre algo más de un kilómetro con la cámara en una secuencia, sin lugar a dudas, realmente complicada de rodar y que pretende retratar las consecuencias de la guerra; soldados heridos, soldados muertos, soldados cantando a la patria emocionados, más soldados; esta vez desfilando y en general soldados en todo tipo de acción.
La escena se hace pesada, la cámara se convierte en protagonista y la acción queda como algo secundario ¿se puede hacer peor?
Alexander Sokurov. El arca rusa. (2002) Un plano secuencia de 95 minutos
Esta película está rodada en un único plano secuencia de 95 minutos. En este caso la complejidad formal tiene una razón de ser. Heredero de Tarkovski en todos los sentidos Sokurov pone su virtuosismo técnico al servicio del contenido. Un maestro.
Robert Altman. El juego de Holywood (1992). Digno homenaje a Welles
Altman rinde digno homenaje a Orson Welles en la cabecera de este film que cuenta con un interesante plano secuencia muy en la línea de Sed de mal.

Víctor Erice. El sur (1993). El ejemplo a seguir
Su plano secuencia de la comunión, sin ser tan espectacular como los anteriores, es un ejemplo de cómo utilizar el plano secuencia para narrar y no para fardar.
Andrei Tarkovski. Nostalgia (1983). Más allá del plano secuencia
Solo apto para no cardiacos, el genio ruso, investigador infatigable de las posibilidades del lenguaje técnico, logra con su plano secuencia de más de nueve minutos, rodado a tiempo real, que el espectador sienta en su piel la purificación que alcanza el protagonista.
Orson Welles. Sed de mal. (1958) Cuando el plano secuencia se convierte en obra maestra.
Welles abre su film con este plano secuencia que anuncia el tono, el ritmo y la acción de la película. Una auténtica obra maestra.
Alfred Hitchcock. La soga (1948) Maestro del suspense y del plano secuencia
Finalizamos con el maestro del suspense. Aunque su film La soga ha pasado a la historia como película rodada como un único plano secuencia, lo cierto es que tiene diez cortes de montaje ya que los medios técnicos de la época no permitían rodar tantos minutos seguidos porque era necesario parar para cambiar el rollo de celuloide. En cualquier caso, hay que reconocer que es una gran película, que la planificación no cansa y que el plano secuencia está justificado narrativamente ya que consigue gracias a él, trasmitir el agobio de los protagonistas y mantener presente constantemente el desencadenante de la trama.
