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jueves, 12 de febrero de 2009

"MILK", CRÓNICA DEL MÁRTIR GAY

Con una buena cosecha de premios en su haber, y ocho candidaturas a los Oscar se estrenó hace algunas semanas “Milk”, film dirigido por el irregular director norteamericano Gus Van Sant (“Mi Idaho privado”, "El indomable Will Hunting” o “Elephant”), que ha reunido un excelente reparto encabezado por Sean Penn, James Franco, Emile Hirsch, Josh Brolin y Diego Luna entre otros.

La película es un biopic sobre Harvey Milk, primer hombre abiertamente gay que accedió a un cargo público en EE.UU en la década de los 70 y un activista de los derechos de los homosexuales convertido en un mártir de la causa, tras ser asesinado por un contendiente político en 1978. Milk, también conocido como “el Alcalde de la calle Castro” barrio de San Francisco desde donde fraguó su carrera política, se ha convertido de esta forma en una figura de enorme relevancia para el colectivo homosexual en EE.UU, debido a su determinación en pos del reconocimiento de la igualdad del colectivo.

Pero Gus Van Sant nos ofrece una visión carente de cualquier crítica hacia el personaje. Desde el principio no nos oculta que se encuentra entregado a su causa. Narrada por el propio Milk, Van Sant nos lo presenta poco menos que reencarnado en un mesías de la causa pro-gay, y apenas nos deja atisbar alguna arista en su personalidad, alguna contradicción o incorrección en los métodos ultilizados para alcanzar sus objetivos. El director utiliza un tono documental por un lado, apoyándose en imágenes de archivo de la época, con una inmediatez a la hora de rodar que recuerda al Van Sant underground de sus comienzos (“Mi Idaho privado” o “Drugstore cowboy”), pero como si temiera resultar demasiado indigesto, lo combina con un tono más cercano al cine artesanal e impersonal de cierto Hollywood que también ha visitado en obras como “El indomable Will Hunting” o “Buscando a Forrester”.

Estamos entonces ante un film fácil de digerir para el gran público, muy académico, con ritmo, pero sin autentico genio, ni emociones autenticas en su interior. Una película con una ambientación parca pero eficaz, y que tiene como handicap un guión un tanto apresurado, de forma que apenas dibuja bocetos endebles de personajes clave cuyos actos no terminamos de comprender, como los que interpretan Josh Brolin o Diego Luna. En cambio es reseñable los buenos trabajos de actores como James Franco o Emile Hirsch, también apoyándose en personajes más agradecidos, todo sea dicho. Mención aparte se merece Sean Penn, protagonista absoluto apareciendo en el 99% de los planos de la película. Su interpretación va más allá de la recreación más o menos inspirada del personaje. Penn ES el personaje, y en un ejercicio de técnica interpretativa brutal nos convence sin esfuerzo de que estamos ante un resucitado Milk, con idéntica gestualidad, con su mismo entusiasmo arrollador y su energía contagiosa. Si el resto hubiese estado a su altura, estariamos hablando de una película imprescindible.

lunes, 3 de marzo de 2008

NO ES PAÍS PARA VIEJOS. LA PERFECCIÓN SIN ALMA

No es país para viejos es sin lugar a dudas una gran película. Tan grande que deja frío. No se puede negar que el guión es impecable, la realización inmejorable y la interpretación sobrecogedora. Los hermanos Coen mantienen al espectador pegado a la butaca pero algo no encaja en esta gran película. Quizá le sobra perfección, quizá le falta alma. Basada en la novela de Cormac McCarthy No es país para viejos tiene el arranque más atractivo de los últimos tiempos; Llewelyn Moss (Josh Brolin) encuentra una furgoneta cargada de droga, rodeada de cadáveres, y un maletín con dos millones dólares en el paraje más cinematográfico que se pueda imaginar. A partir de la decisión de Moss de llevarse el dinero se precipitan los acontecimientos y el espectador se ve en la piel del Sheriff Bell (Tommy Lee Jones) y del asesino en serie Antón Chigurh (Javier Bardem)en una coreografía perfecta de puntos de vista. Ethan y Joel demuestran en esta película que son unos auténticos magos de la contención y de la dirección de actores. Es cierto que Javier Bardem está sublime, es cierto que el resto del reparto está mucho más que a la altura pero algo le falta, entre tanta perfección, a No es país para viejos, para llegar a ser considerada una de esas películas que llega, no solo a la cabeza, sino también al corazón.