History of the Internet from PICOL on Vimeo.
Didáctico y entretenido documental sobre la historia de internet desde los comienzos de la red Arpanet hasta nuestros días, realizado con iconos animados dirigido por Melih Bilgil.
Didáctico y entretenido documental sobre la historia de internet desde los comienzos de la red Arpanet hasta nuestros días, realizado con iconos animados dirigido por Melih Bilgil.
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charmeur kiwi
a las
10:34
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Etiquetas: animación, documental, Internet
Hace pocas semanas escuché una frase en mitad de una conversación: “Si no estás registrado en Facebook, no estás conectado, así que tú verás…”. George Orwell, en su novela “1984” anticipó las bases de lo que conocemos como Gran Hermano (y no es la boñiga de programa de la cadena basura y "amiga" en la que trabajan Maruja Teresa Campos o Ana Copia Quintana). Este concepto suple a todo personaje político. Digamos que es el comandante en jefe, guardián de la sociedad, dios pagano y juez supremo: la reencarnación de los ideales de un partido único y todopoderoso que vigila sin descanso, la organización a la que pertenecen todas las personas. Y es que en Facebook, si te conectas, todos saben que estás ahí. No solamente nos vigilan desde altas esferas para controlar y manipular, sino que además ponen un cebo de este tipo para que nos inspeccionemos entre nosotros –sin nuestro consentimiento mutuo: algo así como masturbarse bajo la atenta mirada de tu vecina del 5º-. Lo que no aclara bien esta “red social” es que, encima de que ya estamos supervisados en casi todo, se adhiere al derecho de pasar tus datos a quien le salga del servidor. Porque sí, lo dice la ley tal y pascual barra no se qué. No salgo de mi asombro al ver que muchas personas publican su teléfono móvil en el perfil mientras ingresan en el “Club de los que odiamos que se nos meta una piedra en el zapato”.
Internet es una herramienta fascinante para intercambiar ideas, dar rienda suelta a la creatividad, buscar trabajo, promocionar negocios, guardar fotos en alguna web o blog que puedas mostrar a quien quieras: es el medio alternativo por el que corren muchas y mejores informaciones que las que cacarean los manoseados medios generalistas. Pero también es fuente de gansadas del calibre de Facebook. No estoy en contra de las redes sociales, pero una cosa es abrir nuevos puentes de comunicación, y otra muy distinta es caer en una dinámica de chorradas elevadas al cubo, contar a todo el mundo que hoy te has comido un plato de arroz con pollo y perder ese contacto personal con la gente que se quiere y que vive a pocas paradas de metro.
Sé que son muchos los que utilizan esta herramienta, cuyo origen tuvo lugar en la Universidad de Harvard, con fines estrictamente sociales, promoción personal o para ligar (me parece fenomenal, por Internet es fácil y cómodo); o bien porque viven lejos y estar más conectado con seres queridos necesita vías más allá de la llamada telefónica, sms o email, por colgar fotos… y no para lanzar besitos, mordisquitos o escribir "hoy no he ido al baño"; pensaba que esto lo hacían adolescentes como mi sobrino mayor, de 17 años. Desconozco si saben hasta que punto llegan los responsables de la web (controlada desde el año pasado por Microsoft, para más inri), convertida ya en otro desorden de ridículos emoticones y dibujitos al igual que My Space. Invaden sin cortarse un pelo tu intimidad y comercian con ella. Al darse de baja hay que contestar, obligatoriamente, el motivo de tu decisión. Una de las casillas que puedes marcar - te dan varias respuestas posibles para que elijas- viene a decir que quizá para ti “Facebook se ha convertido en un drama social”. Yo en lugar de “drama” hubiese puesto otra cosa que prefiero obviar. Por mi parte, seguiré enviando emails personales, largos o cortos, y tratando de ver lo máximo posible tanto a los que están cerca, como a los que están más lejos. Posiblemente haya tenido mi explosión cibernética hace mucho tiempo y por eso me he dado de baja de este truño; o también puede que no quiera volver a la -para mí- olvidada e insoportable adolescencia. Ojo: como siempre, todo desde el respeto y la admiración. Porque al igual que dicen en la maravillosa película de Tim Burton, “Eduardo Manostijeras”, yo también “a veces, aún bailo bajo la nieve”. Pero jamás en el patio de Facebook (ni en el de su antítesis: una frikada cuya idea no deja de ser divertida llamada Hatebook).
Publicado por
gaspashá gorkovskaya
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